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Rompecabezas en Suiza para desmontar estaciones de esquí cerradas

En este remoto valle de los Alpes suizos, una fila de postes de teleférico oxidados marca la senda hacia las cumbres, bajo la mirada indiferente de media docena de vacas.

Aquí, el teleférico ha dejado de funcionar desde 2010, cuando cerró el Super Saint-Bernard, la pequeña estación de esquí local con una veintena de kilómetros de pistas.

Esta instalación, cercana a la frontera italiana, busca comprador, o si no será desmontada.

“Francamente, me gustaría que se desmonte todo esto”, dice, resignado, a la AFP el antiguo director de la estación, Claude Lattion, ante el estado ruinoso del lugar.

“Cuando uno llega de Italia por el puerto de Grand Saint-Bernard y ve esto…”.

Suiza, conocida por la belleza de sus paisajes y lugar emblemático para los deportes de invierno, afronta desde hace varios años el cierre de pequeñas estaciones de esquí, afectadas por las dificultades económicas del sector.

La ley exige que se desmonten los remontes mecánicos fuera de uso, operación financieramente a cargo de su propietario.

Catorce instalaciones están en este caso en todo el país, según la Oficina federal de transportes, responsable de una cuarta parte de los 2.433 remontes mecánicos suizos.

Pero si, como en el Super Saint-Bernard, la sociedad que gestiona la estación ha quebrado, la instalación es embargada, lo que abre el debate sobre quién –el cantón o el municipio– debe hacerse cargo de la factura del desmantelamiento.

“Suiza no está lista”

Tras estos debates, que pueden durar años, emerge el doloroso tema del futuro del esquí alpino, que tanta riqueza ha dado a valles enteros helvéticos durante décadas.

“Es un tema que tendrá un lugar importante en el desarrollo político y económico de Suiza”, augura Gilbert Tornare, alcalde de la pequeña municipalidad vecina de Bourg-Saint-Pierre.

“Actualmente, Suiza no está lista para ello”.

Aunque dice “estudiar varias soluciones” para “liberarse de esta carga”, el alcalde afirma que los costes son demasiado importantes para su municipio de 200 habitantes.

Serían necesarios entre 1,8 y 2 millones de francos suizos (unos 2 millones de euros, USD 2,1 millones) para desmontar las estaciones de salida y llegada, sacar los postes, y descontaminar el lugar ubicado entre 1.950 y 2.800 metros de altura.

El cantón de Valais contempla recurrir al ejército para reducir los gastos.

Para el diputado de los Verdes, Christophe Clivaz, este ejemplo ilustra los crónicos problemas de las pequeñas estaciones, que tienen “muchas dificultades para encontrar financiación”, pese al aporte de las subvenciones públicas.

Según el experto suizo del turismo de montaña, Laurent Vanat, es “difícil ser rentable” para las estaciones que reciben a menos de 100.000 esquiadores por año.

En el momento del cierre, el Super Saint-Bernard acogía a cuatro a cinco veces menos de turistas, penalizado por su ubicación aislada, a varios kilómetros de la localidad más próxima.

A causa del cambio climático, otras estaciones corren el riesgo de cerrar, subraya Clivaz, profesor asociado de la universidad de Lausana y especialista de economía turística.

Tras haber interpelado al gobierno sobre este tema, negocia actualmente con los Remontes Mecánicos Suizos (RMS), la asociación de profesionales del sector, la creación de un fondo de reserva, para “poner dinero de lado ante la necesidad de un desmantelamiento”.

Pero RMS, por su lado, considera que “no es necesario alimentar un fondo debido al número limitado de instalaciones”.

“Tristeza”

Lattion, el exdirector, considera “triste” la situación. Es cierto, la estación “ya no funciona, pero podría servir para algo”.

Un joven empresario local quiere sin embargo darle una segunda oportunidad al lugar, transformando la antigua estación en hotel, accesible mediante un pequeño teleférico.

Con sus pistas no cerradas en invierno, sus senderos para los paseos en el verano, el lugar podría recibir a un turismo un poco más tranquilo, a diferencia del funcionamiento actual de la industria del esquí.

Pero el plan está en punto muerto desde hace cinco años.

“Realmente, ya nadie quiere hoy volver a hacer una estación de esquí”, concluye Lattion.

Fuente: France24/ Imagen: Chris Bird
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